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En el nombre de Dios, el Misericordiosísimo, el Clementisimo,

Si preguntas a un musulmán cuál es su momento favorito del año, hay muchas chances que te responda con mucho entusiasmo “el mes bendito de Ramadán”.
Eso puede sorprender, dado que durante un mes entero, los musulmanes se abstienen de comer y de beber desde las primeras luces del día hasta la noche, lo que es percibido como extremo para mucha gente.
Sin embargo, nuestro Profeta Muhammad nos enseñó que lo que ocurre durante éste mes es mucho más significativo que lo que pasa en las dimensiones exteriores:
Es posible que un ayunante saca de su ayuno, nada más que hambre y sed…
Traducir es traicionar, y la palabra española “ayuno” para traducir sawm ( صوم) limita esta acción a su aspecto meramente material cuando en árabe tiene un significado mucho más profundo.
Se dice del viento que hace su sawm cuando se calma y se equilibra, se dice del sol que hace su sawm cuando llega a su zenit y se dice de la raíz en la tierra que hace su sawm cuando alcanza el agua subterránea.
Encontramos entonces una idea de equilibrio, de plenitud.
Eso no se alcanza por experimentar un poco de hambre y de sed, sino por un estado de búsqueda activo, el Profeta Muhammad nos enseña:
Quien no deja la mentira, ni el hecho de actuar por esta, Dios no precisa que deje su comida y su bebida.
Este estado activo se encuentra en la raíz de la palabra “Ramadán”: el sufijo “an” indica una acción continúa, un estado activo. La palabra “ramad” significa “quemar”.
¿Entonces qué es lo que el Ramadán “quema activamente”?
El Corán dice: “Solamente son verdaderamente creyentes aquellos que sienten su corazón estremecerse por la mención del nombre de Dios.
Son los corazones de los ayunantes que deben quemar por el amor de Dios, limpiándose de los defectos inducidos por nuestro velamiento a la Presencia Divina, facilitado por los apegos de la vida terrenal.
Dios dice en el Noble Corán: “Soy más cercano de ustedes que su propia vena yugular.
Para celebrar, resucitar este amor en nuestros corazones, nos despegamos de nuestra naturaleza humana a través del abandono de la comida, del agua y de las relaciones íntimas, y también estamos invitados a limitar las palabras: es una invitación a la interioridad, a la contemplación.
En la tradición islámica, creemos que María, madre de Jesús, que la paz sea sobre ambos,  ayunó por el silencio, y lo llamamos “el ayuno de Maryam”.
(Oh María) cuando veas a una persona, dile: «Yo he hecho voto al Clemente de ayunar. Hoy no hablaré a ningún humano» (Corán)
El ayuno tiene un rol particular entre las prácticas espirituales, como nos indica esta palabra divina (hadiz qudsi) de la tradición islámica: “Todo lo que hace el hijo de Adán es para el mismo salvo el ayuno, es para Mí y Yo doy la recompensa.
La tradición del ayuno del Ramadán viene de nuestro ancestro común, el Profeta Abraham, que la Paz sea con él, que se mantenía en contemplación en la caverna de Hira durante el mes de Ramadán. Esta tradición abrahámica fue practicada por el propio abuelo de Muhammad , Abdul Muttalib que formaba parte de los “Hanif”, pequeña minoría de seguidores de la tradición abrahámica en Arabia, que rechazaban la adoración de los ídolos.
Los primeros versículos de la Revelación descendieron una de estas noches de contemplación que hacía regularmente el Profeta Muhammad en esta misma caverna de Hira, y por eso llamamos Ramadán, el “mes de la Revelación”. Es porque la Revelación es agua, dice el Noble Corán, que estamos invitados a calmar la sed de nuestros corazones por las lecturas y salmodias de la Palabra de Dios pidiendo la Proximidad Divina y celebrándola. El Noble Corán para los musulmanes no es creado, es una manifestación de Dios y un atributo de Dios, es eterno, y es el punto de encuentro entre la Tierra y el Cielo.
Es por la celebración de nuestro espíritu (ruh), hecho de Luz Divina, que desvelamos la Presencia Divina y buscamos iluminar nuestra vida por ésta.
El noble Corán dice: “A Dios pertenece el Oriente y el Occidente. Adondequiera que se vuelven, allí está la Faz de Dios.
El sheij Hamdi Ben Aissa dice:
Todos los Profetas de Dios vinieron para proclamar “¡Dios es cercano y contesta!”
El mensaje satánico dice: “Dios es lejano, Dios es sordo.

El Corán expresa eso cuando dice “Satán les promete el alejamiento.” Satán nos invita a desesperar de la presencia divina, a hacer creer que nos somos nada para Dios, que no tenemos importancia. Dios en el Noble Corán repite al principio de cada surah que Él es el Todo-Misericordioso, el Todo-Clemente.
El Profeta Muhammad ﷺ dijo: “Imploren Dios con la certeza que les satisfera. Sepan que Dios no satisface la imploración pronunciada con un corazón distracto e inatento.
Los Profetas vinieron para recordarnos que Dios no es un Dios que abandona, no es un Dios que rechaza: está con nosotros sí lo aceptamos en nuestra vida: la puerta de Su Presencia es siempre abierta. Multiplicamos entonces las adoraciones en éste mes que son tantas búsquedas de nuestro Señor.
Un hombre un día vino a quejarse de la dureza de su corazón, el Profeta Muhammad le dijo:
Si quieres que tu corazón sea más dulce, alimenta al pobre y cuida al huérfano.
Estas adoraciones limpian y ablandan el corazón, y es por eso que el ayuno no es completo sin una limosna dada a los pobres.
El ayuno de Ramadán es esta escuela a cual tenemos que regresar cada año hasta el fin de nuestras vidas, con el sueño de poder despegarnos de todo lo acumulado durante el año: aprendemos la paciencia cuando el hambre y la sed nos llama, el perdón cuando alguien nos ofende y el agradecimiento cuando recibimos con que calmar nuestra sed física, y espiritual para los más afortunados, cuando durante las noches de meditación y de rezo, se derrama sobre nuestros corazones, la sakina, la paz de Dios.
Dante Ibrahim Matta,
30 Ramadán 1437/2016

(inspirado por la conferencia “los secretos del ayuno” de Sheij Hamdi Ben Aissa)